El pueblo. Parte 3

Estas casas tenían algo. No se parecían en nada a las anteriores. Mucho más grandes, por supuesto y amuebladas, construidas. Todas desprendían, en cierta medida, "vida". Todas, cómo ya se había percatado Newt, nuestro protagonista, menos una.

Una de las casas estaba a medio construir, por lo que fue la primera a la que se dirigió. Lo diferente casi siempre solía llamarle la atención a Newt, en realidad, como a casi todos. Newt pensaba que teníamos dos maneras de afrontar lo desconocido. Con miedo o con curiosidad, y entendía que la primera era un craso error. El miedo no te da ninguna respuesta. La curiosidad sí, aunque no sea la que más te guste.

Se introdujo en los restos de la casa a medio construir y la examinó. Todo parecía normal. Una vivienda como cualquier otra. Pero a medio hacer. El salón era precioso pero carecía de televisión y faltaban alguna que otra mesa y sillas. En el cuarto de baño, de colores muy vivos, no había ducha. La habitación, adornada con motivos florales y con un contraste de colores espectacular, no tenía armario. Incluso había habitaciones que no tenían puerta. Faltaban cosas esenciales para una convivencia. 

-¿Por qué?- Preguntó Newt al anciano.

- ¿Por qué, qué?- Preguntó el anciano desde la entrada principal, a medio construir también.

- ¿Por qué no la terminaron? Puedo intuir que la construcción iba por muy buen camino y, de hecho, creo que la casa iba a ser preciosa. ¿Qué pasó aquí?

- Se cansaron de construir. Estos habitantes llegaron aquí con la ilusión de construir su propia casa. Todo parecía ir de maravilla, hasta que se pusieron manos a la obra. No estaban de acuerdo en nada respecto a la casa. Ni en colores, ni en estructura, ni en disposición, ni siquiera en el número de cubiertos. Hartos de no encontrar ningún punto en común, dejaron de construir y cada uno partió hacia un lado. Este hecho me dio especial lástima, pues si te fijas, aún no encontrando puntos en común, la casa estaba quedando muy linda. Imagínate cómo hubiese quedado si hubiesen gestionado mejor sus desacuerdos y hubiesen sabido encauzar la construcción.

- Sí, bueno, en realidad eso es muy fácil decirlo, pero a la hora de ponerse al lío, hay veces que es muy complicado llegar a un acuerdo.

- Claro, he ahí el meollo del asunto- Aclaró el anciano- Se dieron cuenta demasiado tarde que uno quería los tenedores azules y el otro los rojos y que ninguno daría su brazo a torcer.

Newt, pensativo, salió de la estancia y se posicionó en medio de las tres casas, de manera que la sombra de la casa del centro le tapaba completamente de la luz del sol.

-Y estas tres, ¿qué?

-Las tres casas abandonadas. La de la derecha ni siquiera fue habitada y la de la izquierda solo estuvo habitada durante una semana. Esta del centro tiene mi historia preferida y por ello será la última de la que te hable ¿Te parece bien?

-De acuerdo, empecemos por la derecha.

Newt se acercó a la casa y probó a abrir la puerta. El pomo giró y ambos entraron a la casa.

La casa era, como la anterior, de una belleza inigualable. Inundada de colores, de adornos, desprendía limpieza, alegría, sosiego.

-No recordaba cuán bonita era esta casa- Apuntó el anciano.

-A ver, otros habitantes que no estaban de acuerdo, ¿Verdad?

-Para nada. Ellos sí estaban de acuerdo en el momento de la construcción. El problema fue cuando la casa se hubo terminado.

-¿Cómo? Si ya habían hecho lo más difícil, ¿No?

-Justamente. El problema fue que a uno de los participantes de la construcción no le gustó nada cómo había quedado la casa, ni por fuera, ni por dentro. Y justo cuando le echó el primer vistazo , decidió abandonarla, dejando ,por consiguiente al otro participante sólo en una casa para dos.

- ¿¿Cómo?? Pero si esta casa es preciosa, ¿A quién no le va a gustar una casa así? Estos muebles, estos arreglos, incluso el olor que se desprende...

- A alguien que tenía en su cabeza otro tipo de casa- Interrumpió el anciano- Por muy bonita que fuera , uno de los constructores se había marcado unas ideas y expectativas totalmente diferentes en cuanto a la casa y, por desgracia, el resultado no fue el esperado para él.

- Pero, si él estaba de acuerdo en las decisiones a medida que iban construyendo, ya que entiendo que no podían haberla acabado sin estar de acuerdo, qué fue lo que cambió?

- ¿Por qué supones que estaba de acuerdo?- Inquirió el señor- Quizás se dejó llevar por las decisiones del otro, quizás no le dio importancia a sus propias decisiones, quizás simplemente pensaba que iba a quedar de otra manera.

- Bueno, viéndolo así...

- En fin, vayamos a la de la izquierda. La casa que sólo fue habitada durante una semana.

Salieron y se dirigieron a la izquierda, pasando de nuevo por la casa del centro. De nuevo entraron sin problemas a la estancia.

Esta casa era más corriente, pero mucho más espaciada por dentro. El salón era amplio, había muchas figuras de cristal y muchos libros desordenados por el suelo. Multitud de muebles y habitaciones llenas de espejos.

-Esta casa perteneció a un buen amigo mío. Todavía conserva algunos de sus libros de historia favoritos- El anciano señaló hacia el suelo, donde se amontonaban bastantes títulos bélicos.

-¿Que le pasó?

-Miedo y cansancio.

-¿Miedo a qué?

-Cuando construyó esta casa , por supuesto, tampoco lo hizo solo y aquí no hubo problemas de ningún tipo. Se instalaron con la casa ya lista una mañana y ahí empezaron los problemas- El anciano recorrió el gran salón fijándose en cada pequeña figurita de cristal- Había demasiada tarea.

-¿Cómo que demasiada tarea?¿Le daba pereza limpiar las figuritas de cristal?

-No. No sabía si sería capaz de hacerlo siempre. Te explico; Las figuritas de cristal que ves eran de su acompañante y le exigía cada día limpiarlas con sumo cuidado. Por supuesto, mi amigo lo hizo de buena gana los dos primeros días, aún encontrándose con quejas por parte de su acompañante: No lo haces bien, hay que tener más cuidado... Mi amigo empezó a cansarse al cuarto día. Tenía que tener mucho cuidado con las figuras y eso le cohibía su estancia en la casa, pues como ves, todo está lleno de figuritas.  Empezó a pensar si sería capaz de cuidar de las figuras de cristal y aún así seguir cómodo en la casa siempre.

-Vaya, creo que ya se cuál fue la respuesta.

-Crees bien. La respuesta fue no. Se asustó al pensar que no podría bien cuidar de las figuras y de la reacción que tendría eso en su compañero. Tras dos días cavilando, una mañana huyó de la casa, dejando al otro sólo.

-Pues se lo tiene bien empleado el amigo de su amigo, ¡Que no hubiera sido tan exigente!

-Bueno, de nuevo presupones cosas Newt. Él no pretendía ser exigente, le tenía mucho aprecio a esas figuras y tenía mucho miedo a perderlas. Sólo se comportó cómo sabía comportarse. A raíz de eso, se fue del pueblo y hay rumores que dicen que intentó habituarse a otro tipo de figuras, que fueran más endebles y no necesitaran tanto cuidado, pero, muy a su pesar, no le gustaban tanto como las figuras de cristal, así que volvió a ellas hasta que encontró a alguien que compartía y sobre todo, entendió su gusto y su cuidado por aquellas figuras.

-Vaya, al final todo salió medianamente bien, ¿No?

-Sí. Pero dejemonos de cháchara, salgamos y ahora a la del centro. Mi favorita. La historia es, quizás más corta, pero fue muy sonada en todo el pueblo. Ya verás, ven.

Los dos salieron y se situaron frente a la puerta. Ya quedaba menos para acabar aquel día y esperaba que esa casa, la última de aquella zona, pero intuía que no la última que le enseñaría el anciano, le diera respuestas.

Y entonces, el anciano, se sacó del bolsillo una llave y abrió la puerta.

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