El pueblo. Parte 2
El anciano se paró junto a dos casas pequeñas.
A juzgar por el tamaño, parecían constar sólo de una habitación. Nuestro protagonista entró en la primera de ellas. La casa, en efecto, sólo contaba con un habitáculo, pero provisto de todas las comodidades de un hogar. Había una lavadora, un frigorífico, un lavabo, ducha... Y un enorme agujero en el suelo.
-¿Qué es eso?- Preguntó bastante confundido.
- Asómate- Instó el anciano.
Nuestro protagonista se acercó al filo del enorme hoyo que había en el centro de la casa y vio el único mueble del que ni siquiera había percatado su ausencia. La cama. Una enorme cama yacía en el hueco de la estancia.
-¿Qué hace ahí la cama?
- Se dice que los dueños de esta casa fueron de los primeros habitantes del pueblo, sin contar con la gran mansión, por supuesto. Se cuenta que eran unos fanáticos de las camas y pidieron para su nueva casa la más cómoda y gigante. Y no sólo eso, al ser tan amantes de éstas, la pintaron y le pusieron multitud de adornos.
- Y, ¿Qué les pasó?
- Pues que a los pocos días, y debido al gran peso de los adornos y su gran tamaño, se abrió este agujero que tienes ante ti. Cuando despertaron los dos habitantes de la casa, decepcionados y cabizbajos, recogieron las pocas cosas que habían traído y se fueron cada uno por su lado.
- Vaya, pero entonces, si no hubieran dado tanta importancia a la cama, quizás seguirían viviendo aquí, ¿no?
- Quién sabe, la imaginación nos invita, en cierto modo, a pensar que sí. Aunque yo creo que aún así, traían poco equipaje. No hubieran aguantado mucho más.
- Ya, claro. Bueno, y ¿esta otra casa?- preguntó nuestro protagonista señalando hacia la estancia contigua.
- ¡Vaya! Qué alegría me da que me lo preguntes. Ellos llegaron a la par que los anteriores. Y, si te fijas en el interior, también se sentían atraídos por las camas. Incluso más, diría yo.
El anciano estaba en lo cierto. La casa contigua era exactamente igual que la anterior. Con la diferencia de que la cama, aún ocupando incluso más espacio que la anterior, se mantenía firme en el centro de la vivienda.
-Pero, ¿Cómo es posible que esta cama no se derrumbara, si es más grande que la anterior?
- Sencillo- Replicó el señor- Por una parte, si te das cuenta, no la adornaron tanto, ni siquiera la pintaron y ,además, se fueron antes de la primera semana, por lo que el suelo no tuvo que sufrir el desgaste de la cama por el peso de ellos.
- ¿Que se fueron? ¿Por qué se fueron?
- Porque traían muchísimo equipaje. Se dieron cuenta de que la cama era demasiado grande y la casa demasiado pequeña para ellos. Así que se mudaron a otra casa mucho más espaciada, donde, según cuentan, la cama sigue siendo enorme, pero el tamaño de la vivienda acompaña.
Dos historias tan parecidas y con resultados tan diferentes. De algo estaba seguro. Él jamás hubiera vivido en alguna de esas casas, pues no le solía dar tanta importancia a la cama, por lo menos, más de la que consideraría normal... ¿O sí?.
-Vaya lío, pensaba que con esto averiguaría algo y lo único que he conseguido es hacerme aún más preguntas.
- Tranquilo muchacho, sólo acabamos de empezar. Aún quedan muchas más historias. Estoy seguro de que cuando lleguemos al final, obtendrás las respuestas que buscas.
- Está bien, tiene razón, sigamos; entonces ¿Dónde vamos ahora?
- Vamos a cruzar la calle, iremos a la esquina y desde allí atravesaremos un pequeño callejón. Hay 4 casas que creo que te pueden despejar un poco la cabeza.
Anduvieron durante poco. El sol todavía presidía el cielo, pero el calor no era sofocante, pues corría una brisa bastante fresca que suavizaba las temperaturas. El anciano parecía conocer perfectamente el pueblo y para su edad, su velocidad no era para nada despreciable.
Entraron por una calle más estrecha de lo habitual para el pueblo y salieron a un pequeño descampado. Frente a ellos, cuatro casas. Y lo más curioso de todo. Las cuatro se conservaban perfectamente.
No había hoyos, ni señales de violencia; Ni un rasguño. Aunque eso sí, una de ellas estaba medio construir.
-
Comentarios
Publicar un comentario