Ella le dijo que sí (Segunda Parte)
...Fue trasladada inmediatamente a quirófano y Newton no pudo sino dar vueltas de un lado para otro en la sala de espera. Lleno de las gotas de su hija y las suyas propias, aunque de colores muy diferentes. Deseaba que todas sus gotas fueran del color del de su hija y que ella no soltara liquido alguno. ¿Por qué? ¿Por qué?
Pasaban las horas y no había noticias de nada. El sentimiento de la incertidumbre lo mataba. Cuanto mas avanzaba el tiempo, más se parecía todo aquello a una escena de final de película. Él no quería ver los créditos, el quería una segunda parte; y una tercera, y una cuarta, y una quinta y una sex...
- ¿El Señor Bright? ¿Newton Bright?
-¡Si!, ¡Soy yo! Dígame, por favor, ¿Está bien? Dígame que si, ¡Por favor!
-Mire, señor, hemos hecho todo lo que estaba en nuestra mano pero... Lo siento señor, no hemos podido salvarla. Había sufrido...
Newton no sólo no escuchaba la infernal jerga medica que expulsaba ese gilipollas por la boca, sino que no oyó nada mas. No sabía que sentir. Sentía golpes. Dicen que hay momentos en los que, cuando el cuerpo es expuesto a una cantidad excesiva de dolor físico, el cerebro no es capaz de procesarla de manera efectiva y, hay un momento, en el que no se siente nada de dolor. Es como el ojo del huracán. Deseó por todos los medios que eso mismo le pasase a él con el otro dolor, con el incuantificable, con el que no se puede medir, con el del alma.
Pero no fue así. Quiso morir para ser feliz, quiso atravesar las nubes para rescatar a su ángel, le sobraba cuerpo, le sobraban conceptos como el bien, el mal, lo correcto o lo incorrecto, la vida, la muerte. Quiso acabar con todo, porque su todo ya había acabado.
No sabia que hacer ni que decir, no le salía nada de la cabeza y sus extremidades estaban inútiles, pues aunque él las podría haber manejado con algún objetivo, no sabía que hacer con ellas. Nada. ¿Cuál era el siguiente paso?
-¿Puedo ... - "¿qué? ¿Verla? ¿De verdad quieres verla? ¿Así? ¿Vacía? No. ¿O sí? No lo se. Sí. Tienes que despedirte."- ... verla?
-Eh, Sí señor, acompáñeme, por favor- Dijo ese maldito ángel de la muerte vestido de persona.
Creo que esta ultima parte de la historia no la contare. Dejémosles intimidad. Esa escena se quedara entre ella y él.
El calendario marcaba el 13 de Noviembre. Hacía un mes que había empezado la construcción de una habitación en las nubes, llena de naranja, de cubos de Rubik y de una televisión gigantesca que solo podría disfrutar ella.
¿Qué se hace justo después de ver que tu vida se ha ido? Newton esperaba todos los días a que ella viniera a despertarle quitándole las sabanas y comiéndole con los mejores piropos que te puede hacer alguien: Con los besos. Pero eso jamás iba a suceder. Nunca mas. No veía el fin del camino, el camino que le llevase a aceptar la perdida mas grande de toda su vida: La pérdida de su felicidad.
A pesar de todo, se rodeaba de buena gente, gente que el consideraba como la más maravillosa del mundo. Le intentaron ayudar a venirse arriba, a despertar de ese letargo que lo tenia sumido en la mas absoluta oscuridad. Y aunque podía parecer que en ocasiones sonreía y se mostraba alegre, la realidad era muy distinta. El seguía roto por dentro y no hacia mas que esconderse tras las caretas de la sonrisa fingida y la alegría momentánea. Ya nada importaba, ni las noticias buenas, ni las malas, ya no importaban sus éxitos, pues no tenía con quién compartirlos.
El 18 de Noviembre era su cumpleaños, un evento que otros años había esperado con ansias. No ya por él, sino más bien por ella, por lo que intentaba prepararle y por la forma en que ella intentaba agradarle ese día, ya fuera regalándole todo tipo de manualidades o "portándose como la mejor niña del mundo" ese día. Ese año no sería así. No sería naranja, sería negro.
No obstante, sus amigos le obligaron a celebrarlo de alguna manera y planearon una pequeña reunión en casa de uno de ellos para ese día.
Ese día se vio a un Newt (Como le llamaban sus más allegados) algo distinto al del último mes, algo ... ¿Animado? Sí, algo parecido. Ese día no se fingieron tantas sonrisas y la alegría parecía alargar su presencia más allá de un momento. Se empezaba a ver la luz.
En el momento más álgido de la noche , se retiró al balcón de la casa, y miró al cielo, aquella oscura bóveda llena de estrellas con nombres inventados. Podía diferenciarlas todas: "La gordita", "La espumitas", "La frenti", "La bolita". Todas. Y entonces se dio cuenta, como viéndose en una pantalla gigante, de quién había sido este último mes.
Alguien que ni él ni ella hubieran querido que fuese bajo ninguna circunstancia. Ella hubiera querido que el siempre estuviera contento y que pensara en ella con lágrimas en los ojos, pero lágrimas de felicidad, no las lágrimas "feas" como solía decir la niña más preciosa del mundo. Cambiaría de actitud, de vida, todo. Lo haría por los dos.
- Tío, venga, que te estamos esperando para empezar la partida.-
- Voy, voy, he salido a tomar un poco de aire. Enseguida entro.-
- Vale, tomate todo el tiempo que necesites, nosotros te esperamos.-
Lo sabía, si de algo estaba seguro era de que sus amigos esperarían todo el tiempo que hiciese falta, y que siempre estarían ahí, al fin y al cabo, siempre lo han estado.
Las semanas pasaron y cada vez más se veía al Newton de siempre, al bueno. En su trabajo las cosas iban cada vez mejor; le ascendieron, con todo lo que ello conllevaba: aumento de sueldo, despacho nuevo.
Salía cada vez más con sus amigos, se reía, había días que, incluso, no pisaba su casa, la cual ya no veía tan gris, y sí un poco más azul.
Todo parecía mejorar progresivamente, pero... Faltaba algo. Faltaba una pieza del puzle: El amor. Le faltaba alguien a quien darle todo el amor que tenía dentro de sí, pero no se sentía preparado para enfrentarse a esa situación de conocer chicas o conocer gente, en general. Desde que nació Abril , solo había tenido ojos para ella y para nadie más. Hasta que, un buen día...
Pasaban las horas y no había noticias de nada. El sentimiento de la incertidumbre lo mataba. Cuanto mas avanzaba el tiempo, más se parecía todo aquello a una escena de final de película. Él no quería ver los créditos, el quería una segunda parte; y una tercera, y una cuarta, y una quinta y una sex...
- ¿El Señor Bright? ¿Newton Bright?
-¡Si!, ¡Soy yo! Dígame, por favor, ¿Está bien? Dígame que si, ¡Por favor!
-Mire, señor, hemos hecho todo lo que estaba en nuestra mano pero... Lo siento señor, no hemos podido salvarla. Había sufrido...
Newton no sólo no escuchaba la infernal jerga medica que expulsaba ese gilipollas por la boca, sino que no oyó nada mas. No sabía que sentir. Sentía golpes. Dicen que hay momentos en los que, cuando el cuerpo es expuesto a una cantidad excesiva de dolor físico, el cerebro no es capaz de procesarla de manera efectiva y, hay un momento, en el que no se siente nada de dolor. Es como el ojo del huracán. Deseó por todos los medios que eso mismo le pasase a él con el otro dolor, con el incuantificable, con el que no se puede medir, con el del alma.
Pero no fue así. Quiso morir para ser feliz, quiso atravesar las nubes para rescatar a su ángel, le sobraba cuerpo, le sobraban conceptos como el bien, el mal, lo correcto o lo incorrecto, la vida, la muerte. Quiso acabar con todo, porque su todo ya había acabado.
No sabia que hacer ni que decir, no le salía nada de la cabeza y sus extremidades estaban inútiles, pues aunque él las podría haber manejado con algún objetivo, no sabía que hacer con ellas. Nada. ¿Cuál era el siguiente paso?
-¿Puedo ... - "¿qué? ¿Verla? ¿De verdad quieres verla? ¿Así? ¿Vacía? No. ¿O sí? No lo se. Sí. Tienes que despedirte."- ... verla?
-Eh, Sí señor, acompáñeme, por favor- Dijo ese maldito ángel de la muerte vestido de persona.
Creo que esta ultima parte de la historia no la contare. Dejémosles intimidad. Esa escena se quedara entre ella y él.
Capitulo 2: Newton
¿Qué se hace justo después de ver que tu vida se ha ido? Newton esperaba todos los días a que ella viniera a despertarle quitándole las sabanas y comiéndole con los mejores piropos que te puede hacer alguien: Con los besos. Pero eso jamás iba a suceder. Nunca mas. No veía el fin del camino, el camino que le llevase a aceptar la perdida mas grande de toda su vida: La pérdida de su felicidad.
A pesar de todo, se rodeaba de buena gente, gente que el consideraba como la más maravillosa del mundo. Le intentaron ayudar a venirse arriba, a despertar de ese letargo que lo tenia sumido en la mas absoluta oscuridad. Y aunque podía parecer que en ocasiones sonreía y se mostraba alegre, la realidad era muy distinta. El seguía roto por dentro y no hacia mas que esconderse tras las caretas de la sonrisa fingida y la alegría momentánea. Ya nada importaba, ni las noticias buenas, ni las malas, ya no importaban sus éxitos, pues no tenía con quién compartirlos.
El 18 de Noviembre era su cumpleaños, un evento que otros años había esperado con ansias. No ya por él, sino más bien por ella, por lo que intentaba prepararle y por la forma en que ella intentaba agradarle ese día, ya fuera regalándole todo tipo de manualidades o "portándose como la mejor niña del mundo" ese día. Ese año no sería así. No sería naranja, sería negro.
No obstante, sus amigos le obligaron a celebrarlo de alguna manera y planearon una pequeña reunión en casa de uno de ellos para ese día.
Ese día se vio a un Newt (Como le llamaban sus más allegados) algo distinto al del último mes, algo ... ¿Animado? Sí, algo parecido. Ese día no se fingieron tantas sonrisas y la alegría parecía alargar su presencia más allá de un momento. Se empezaba a ver la luz.
En el momento más álgido de la noche , se retiró al balcón de la casa, y miró al cielo, aquella oscura bóveda llena de estrellas con nombres inventados. Podía diferenciarlas todas: "La gordita", "La espumitas", "La frenti", "La bolita". Todas. Y entonces se dio cuenta, como viéndose en una pantalla gigante, de quién había sido este último mes.
Alguien que ni él ni ella hubieran querido que fuese bajo ninguna circunstancia. Ella hubiera querido que el siempre estuviera contento y que pensara en ella con lágrimas en los ojos, pero lágrimas de felicidad, no las lágrimas "feas" como solía decir la niña más preciosa del mundo. Cambiaría de actitud, de vida, todo. Lo haría por los dos.
- Tío, venga, que te estamos esperando para empezar la partida.-
- Voy, voy, he salido a tomar un poco de aire. Enseguida entro.-
- Vale, tomate todo el tiempo que necesites, nosotros te esperamos.-
Lo sabía, si de algo estaba seguro era de que sus amigos esperarían todo el tiempo que hiciese falta, y que siempre estarían ahí, al fin y al cabo, siempre lo han estado.
Las semanas pasaron y cada vez más se veía al Newton de siempre, al bueno. En su trabajo las cosas iban cada vez mejor; le ascendieron, con todo lo que ello conllevaba: aumento de sueldo, despacho nuevo.
Salía cada vez más con sus amigos, se reía, había días que, incluso, no pisaba su casa, la cual ya no veía tan gris, y sí un poco más azul.
Todo parecía mejorar progresivamente, pero... Faltaba algo. Faltaba una pieza del puzle: El amor. Le faltaba alguien a quien darle todo el amor que tenía dentro de sí, pero no se sentía preparado para enfrentarse a esa situación de conocer chicas o conocer gente, en general. Desde que nació Abril , solo había tenido ojos para ella y para nadie más. Hasta que, un buen día...
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