El impacto de la familia en el TDAH
Después de mucho tiempo, hoy
se me ha ocurrido volver para hablar del impacto que tiene la familia en el
TDAH, así que sin más preámbulos analizaremos el impacto de la familia en el
TDAH.
Está claro que el TDAH
afecta a la gran mayoría de los contextos donde se desarrolla el sujeto que lo
atestigua. Uno de estos contextos, y probablemente el más afectado por el TDAH
sea la familia. Pero pocos se preguntan, ¿Cómo puede afectar la familia al
TDAH? Cómo sabemos el TDAH es un trastorno neurobiológico, por lo que no es
ambiental, pero sí debemos considerar el ambiente como un factor crítico a la
hora de hablar de su pronóstico. Así, la familia constituye un factor muy
importante que puede agravar o, por el contrario, mejorar el desarrollo de los
síntomas del TDAH. A continuación, explicaremos cómo la familia puede actuar de
factor protector y cuáles son las condiciones
En este sentido, la familia puede constituir un factor protector si el estilo educativo es democrático, es
decir, si hay una escucha por parte de los padres a la hora de que su hija o
hijo demande unas necesidades, cuando las exigencias van según el estadio del
desarrollo del pequeño o pequeña, no se introducen castigos desproporcionados,
se explican las consecuencias que pueden tener sus acciones, hay afectividad,
mucha comunicación, límites y normas claros, concisos y justificados y/o consensuados
con los hijos o hijas, etc. Todo esto nos lleva a un estilo educativo en el que
se actúa con mano de hierro (estableciendo límites y normas coherentes) pero
con guante de terciopelo (justificando el porqué de esos límites, consensuando
las normas y poniendo castigos coherentes con las conductas)
Sin embargo, la familia también
puede ser un factor de riesgo para el TDAH, pues puede agravar el pronóstico y
contribuir a que aparezcan comorbilidades en el mismo. Si hay un estilo
educativo directivo, hostil, en el que no es posible una negociación, en el que
no hay apenas comunicación o la comunicación está contaminada por la dinámica
hostil familiar y es siempre en tono negativo o a la defensiva, etc. También si
el estilo educativo es permisivo, laxo, si no se establecen unos límites
claros, unas normas sobre la cuales pueda afianzarse una dinámica familiar sana.
Tanto si nos establecemos en un extremo como en otro, los resultados pueden ser
catastróficos.
Los niños y niñas necesitan límites, normas que les ayuden a
organizarse, a interiorizar rutinas, reglas sociales, pero claro está, tienen
que ser coherentes y adaptadas a sus características personales. Por ello, el
imponer muchas reglas porque sí o dejarle a su “libre albedrío” puede ocasionar
en el niño problemas internos que debemos saber aplacar. Por supuesto, estos
tipos de familia suelen relacionarse con un estilo de comunicación pasivo (en
el caso de los padres o madres permisivos) o agresivos (en el caso de los
padres o madres hostiles o directivos). Estos estilos de comunicación pueden
provocar problemas en el autoestima del niño, falsa sensación de autoseguridad
o problemas relacionados con desafíos a la autoridad y con la regulación
emocional.
Además, estos estilos de comunicación, lejos de afianzar una
comunicación sana en el seno de la familia, reproducen estilos de comunicación
tóxicos para la familia, no consiguiendo así cierta sincronía necesaria entre
los familiares para mejorar el pronóstico de los chicos y chicas que tienen
TDAH.
Por supuesto, no podemos
dejar de lado que aquellas familias (entendiendo familias como el entorno
familiar más próximo al chico o chica) en las que encontramos psicopatologías o
abuso de drogas, pueden ocasionar que el pronóstico del TDAH sea más grave, por
las consecuencias de la presencia de estas variables en el entorno familiar.
Por último, es importante
hablar del efecto Pigmalión o profecías autocumplidas, que es otra de las
variables a tener en cuenta a la hora de hablar del pronóstico del TDAH. Cuando
hablamos de Efecto Pigmalión hablamos de la fuerza que tienen las expectativas
con respecto a la conducta de otro sujeto o nosotros mismos. En pocas palabras,
si yo creo que tú no vas a sacar buenas notas en matemáticas y te lo demuestro,
no vas a sacar buenas notas en matemáticas. Pero también sirve para nosotros
mismo, si yo creo que no voy a tener buenos resultados en plástica, no voy a
tener buenos resultados en plástica.
Esto se constata sobre todo
en las aulas y en casa, si una profesora o padre no confía en nosotros, tiene
unas expectativas negativas en cuanto a nuestro rendimiento, esto influirá en
nuestra autoestima y nuestra autoeficacia (nuestra capacidad para sentirnos
eficaces o con capacidad para conseguir ciertos objetivos) y esto hará que
nuestro rendimiento baje. Si por el contrario, una profesora o padre nos
valora, tiene unas buenas expectativas, nos anima y confía en que nuestro
rendimiento va a ser bueno en una prueba, nuestra sensación de autoeficacia
crecerá y por tanto, nuestro rendimiento será mayor.
Este efecto se ve en todas
las familias y en aquellas en las que el estilo de educativo es hostil y
directivo, suele ser un efecto Pigmalión negativo y en aquellas en las que el
estilo de educación es democrático el efecto Pigmalión es positivo.
Pero, ¿qué pasa con aquellas
familias en las que el efecto Pigmalión es positivo y tienen dinámicas tóxicas,
como las familias permisivas? Pues muy fácil, que podemos entrar en una
dinámica de frustración. Os explico: Si yo tengo unas buenas expectativas en
cuanto a mi hijo y así se lo hago saber, le animo y le doy muestras de mi
confianza absoluta en su rendimiento es fantástico. El problema viene cuando
esa confianza y esos ánimos, no van acompañados de rutinas, horarios, normas,
etc. Pues sin rutinas, horarios de estudio, dejando total libertad al niño o
niña, probablemente los resultados no sean los esperados por él y por nosotros,
por lo que podemos entrar en una espiral de frustración y presión en la que el
niño o niña se frustra porque no está respondiendo a las expectativas que
estamos poniendo en él o ella y además se siente presionado o presionada a la
hora de afrontar las diferentes pruebas.
Así, vemos cómo el estilo de
dinámica y comunicación familiar puede afectar al pronóstico, evolución y desarrollo
del TDAH.
Comentarios
Publicar un comentario